Bryan Singer fue el culpable de todo. En el 2000 inició en Hollywood toda esta vorágine obsesiva con los cómics de toda la vida. Podríamos decir incluso, que indirectamente, Singer es el culpable de que hayan aparecido pastiches cinematográficos de la talla de “Daredevil”, “Elektra”, “Los 4 Fantásticos” o “El Castigador” entre muchas otras que ya hay, y habrán en el futuro.
“X-Men” era una buena película. Y “X-Men 2″ también, almenos a mi juicio. A pesar de las opiniones que me merezca Singer, hay que reconocer que pese a no ser friki, y a no haber oído hablar de los mutantes en toda su vida, consiguió llevar a la gran pantalla unos guiones cuidados y en los que se notaba un cariño hacia sus personajes. Además, fue el primero, y casi el único, que hizo una película de frikis, pensando en los frikis. No me extraña que posteriormente la propia Marvel le ofreciese guionizar los cómics de los mutis.
Pero todo eso se ha perdido en la tercera entrega. A Singer le mola más Superman (no le culpo), y deja tirados a toda la legión de fans mutantes. ¿El equipo que le ha sustituido? Mejorable, muy mejorable.
En vez de centrarse por completo en la saga de Fénix Oscura, como deseábamos todos los fans, o incluso llevar a la gran pantalla sagas míticas del cómic original, los guionistas se sacan de la manga un argumento con más lagunas que el Parque Yellowstone, cuyo planteamiento ya es ridículo y fantasma de por sí.
Todo gira alrededor de la llamada “la Cura”, una vacuna sintetizada en base al ADN de Sanguijuela, que permite erradicar para siempre el genX de los mutantes y borrar su mutación. Los efectos políticos de esta invención parecen sacados de los cruces políticos más rancios y casposos de esa España actual añorada de la Guerra Civil.
Unos se erigen como defensores de la raza, creyéndose con derecho a decidir sobre los demás, y otros predican el buen rollo y la harmonía, aunque sea usando los mismos métodos rastreros que sus oponentes.
Pese a toda ésta paja mental, Fénix tiene su dosis de protagonismo, con algunas escenas cinematográficamente espectaculares, pero poco más. Es un personaje secundario, con la profundidad de una patata frita, y con un origen que parece sacado de una mala noche de resaca, cuando representó una de las épocas más cruciales de la historia del comic-book americano.
Los guionistas intentan vendernos la moto, una moto muy chunga, afirmando que con el cierre de la saga, llega la resolución en las relaciones entre cada uno de los personajes. Intentan hacérnoslo creer, cuando los únicos que tienen un protagonismo real son Tormenta y Lobezno, los actores de mayor caché.
En realidad, el resto de personajes son planos, no están en absoluto desarrollados, y me temo, son víctimas de un metódico tijeretazo en la sala de producción. Si no, no se entiende que de la noche a la mañana haya personajes que cambien sus sentimientos sin necesidad de estímulos externos. No se entiende que personajes que supuestamente iban a tener una gran trascendencia, como Ángel, apenas tengan suerte de aparecer en dos escenas. Y mucho menos se entiende que los auténticos monstruos de la interpretación, como son Patrick Stewart y Ian McKellen, representen unos papeles tan vacíos y superfluos.
Bueno, sí se entiende: un pésimo trabajo de guión. Un guión que da las cosas por supuesto, un guión que rompe las bases de la narración, un guión cuyos únicos puntos fuertes son las fusiladas del cómic original…
Aún así, si algo me ha gustado de esta tercera entrega, es el papel de nuestro viejo conocido Kelsey “Frasier” Grammer, que está espléndido como Bestia. Es tal como me lo esperaba, y el actor sabe representar fielmente esa personalidad exquisita de Hank McCoy… e incluso reparte tortas con la misma mala leche.
Otra cosa no, pero los expertos en cásting de la trilogía, saben hacer muy bien su proceso de selección de reparto.
La mala noticia es que a última hora ya se ha confirmado que ésta no será la última película dedicada al súper-grupo. Habrá cuarta y probablemente quinta entrega. Y me causa pavor, que la cosa acabe degenerando en tele-filmes dirigidos al mercado del video como pasó con Robocop…
Porqué está claro que Hugh Jackman o Halle Berry no repetirán, a no ser que sea para protagonizar su propio spin-off donde chupar cámara. Y una película de X-Men con chupacámaras ya se ha demostrado que no funciona.
Sin Singer, me temo que X-Men es un barco que hace aguas. Un barco con el que tan ricamente navegamos durante años, y que ahora, a lo Titanic, se hunde en las heladas aguas de Hollywood. Triste final, para una saga que tanto prometía, que tanto nos hizo disfrutar, y que tantas expectativas había generado, hasta su mismísimo final. Descanse en paz, y no me lo mareen más.