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Archivo de la Categoría ‘Concursos’



Mi cita virtual perfecta: Votación.
Viernes, 5 Marzo, 2010 15:00

A continuación, podéis usar los comentarios para votar a una de las historias que hemos colgado diariamente esta semana:

La cita de Randy Meeks.

La cita de Raul Einstein.

La cita de Dennis el Azul.

La cita de Alex.

La votación se cierra el jueves 11 de marzo, a las 23:59.

Publicado en Concursos, Cosas de Game Over por Isako 58 Comentarios »



Mi cita virtual perfecta (IV) – Alex (Concurso Love Plus)
Jueves, 4 Marzo, 2010 15:00

Del 1 al 4 de marzo, publicaremos las 4 historias seleccionadas para sortear el videojuego Love Plus de Nintendo DS. El viernes 5 de marzo, en un post abierto específicamente para ello, podréis votar a vuestra cita virtual perfecta preferida.

La cita de Alex:

Mi madre me mira raro cuando voy de visita a casa y le obligo a hablar con mi novia. La verdad, no creo que apoye demasiado nuestra relación, a pesar de estar basada en el amor, los besitos clandestinos y el mejor sexo que jamás podáis imaginar. Creo que mi madre (al igual que mis amigos, o al menos aquellos que no me han abandonado entre gritos de “¡Pervertido!”, “¡Maloliente!” y “¡Eres peor que un fan de Sonic!”) ve con malos ojos que mi novia sea japonesa. No encuentro otra explicación a que no le guste Nené.
Bueno, quizá influya que está metida dentro de una Nintendo DS y que jamás haya podido tocarla, ¿pero qué importa que sea virtual si lo que sentimos es auténtico y verdadero AMOR? Sí, a veces tengo celos. Escucho por ahí que un japonés –estrafalario y loco, como todos los japoneses- dice haberse casado con ella. ¡Pobre infeliz! ¡No me gustaría estar en su pellejo! Si se casó con ella, ¿a quién preparé macarrones con tomate ayer para comer?
Nunca se queja de la comida (tampoco la come, pero ya hablaremos de ello), tiene apasionantes conversaciones sobre tanukis… ¡hasta me ha hecho comprar otra Nintendo DS para poder jugar mientras ella me mira sonriente! Comprenderéis que con nuestra trayectoria, describir la cita perfecta se me hace difícil. Pero puedo contaros nuestra quinta cita. Nunca se me olvidará: Tiene amor, desamor, llantos y un reencuentro pasional.
La noche anterior la pasé en vela, mirando en Wikipedia datos sobre tanukis para poder impresionarla. Para que no viera lo que estaba haciendo –ya que esa noche decidió quedarse despierta a mi lado- le di el mando de la PS3 y le dejé jugar a Little Big Planet –que, a todo esto, es el típico juego con el que conquistar a una chica y que crea que sois sensibles, procurando que no sepa que en cuanto se da la vuelta enchufáis Bayonetta en pantalla grande, siguiendo el culo de la protagonista con la mirada-. Debía ser muy mala, porque no se pasó ni una pantalla. De hecho no pasó de la pantalla de inicio. ¡Esta Nené! Bueno, aún así seguía sonriendo: Le debía gustar el video de presentación.
De buena mañana, le llevé el desayuno a la cama: Galletas Tosta Rica y zumo de naranja. Como era costumbre ya, Nené no quiso probar bocado. ¡Qué raro! –pensé- quizá tenga problemas alimenticios. Pensé en llevarla al médico, pero la última vez que llevé a una novia virtual me prohibieron el acceso para el resto de mis días. Cuánta injusticia.
De ahí fuimos directos a patinar sobre hielo. Bueno, patinar patiné solo, ella miraba desde la grada. ¡Si vierais su sonrisita! ¡Sus pómulos enrojecidos! ¡La manera de animarme! ¡El golpetazo brutal que me pegué contra una señora con sobrepeso –nada que ver con mi amorcín- por culpa de no parar de mirarla! Ahora nos reímos al recordarlo, pero, la verdad, no tuvo ninguna gracia. Aún tengo cicatrices emocionales debido a uno de mis mayores miedos: Caerme en una pista de patinaje sobre hielo y que me pasen todas las cuchillas por encima. Se lo conté a Nené y rió, insistiendo en que le contara más sobre tanukis.
No se preocupaba demasiado por mi, es cierto, pero una simple mirada llenaba mi corazón de dicha, emoción y sangre (como es obvio). Tras el patinaje comimos en un McDonald’s, ya que mi presupuesto no daba para más. Una vez más, Nené no comió, así que tuve que zamparme dos menús. Me notaba más gordo, pero a mi chica le gusto así. Me parece entenderla un “Me gusta tu tripita”, aunque, en mi interior, sé que quiere hablar sobre tanukis. Le deslumbré con mi conocimiento sacado de la Wikipedia (incluída una canción con la que aplaudió como loca: Tan Tan Tanuki no kintama wa, Kaze mo nai no ni, Bura bura. Le podía haber dicho que destrozara a todo occidental, pero nunca lo sabré).
Después, llegaron las grandes noticias, antes de la película: ¡Me iba a apuntar a clases de japonés para mejorar nuestra comunicación! Ella pareció no reaccionar demasiado bien. ¿Qué había hecho? ¿Acaso no me duché correctamente el día anterior? Mientras intentaba escudriñar los misterios de la mente femenina, nos acercamos al cine, dispuestos a ver lo último de Sandra Bullock (ya se sabe: ¡Mujeres!) con la misma cantinela de siempre: Doble ración de palomitas para mi. Nené no quiso probar ni una. Por aquel entonces pensaba que era un poco sosa, tampoco os voy a engañar. Demasiado tanuki.
Cuando la película acabó, Nené se había ido de manera misteriosa. ¡No sabía que la cita había ido tan mal! La busqué una y otra vez dentro de la Nintendo DS, arriba, debajo… pregunté a la gente si había visto unos píxeles marchándose de la sala, pero nada. Lloré cuatro días y cuatro noches hasta que, después de enchufar la DS, volvió a aparecer en mi vida. Desde entonces, nunca ha dejado de estar enchufada. Nos da poco margen de movimiento, pero me aseguro de que nunca se irá.
Y el beso. ¡Qué beso! Un tanto metálico, pero con lengua. Oh, sí, lo conseguí. La noche posterior fue una orgía en la que Nené se dejó hacer de todo: Desde acariciar la frente hasta cogerla del brazo. Nené, en el fondo, es una guarrona. Desde ese momento compartimos nuestra vida. He dejado el trabajo, a mis amigos y familia, pero ¿qué importa si tienes amor? ¿qué importa si sabes lo que es compartir un sentimiento? En fin, me temo que debo dejaros: Nené parece querer que le cante la canción de los tanukis otra vez. Si no, le cuesta dormirse. Ay, el amor.

No nos engañemos, no tengo NPI de cómo puede ser un día perfecto con una novia virtual, pero por entrar en el concurso me voy a inventar lo que haga falta.

7.00am: Mi novia empieza a susurrarme tontaditas subidas de tono al oído. En mi duermevela, esto me provoca un sueño húmedo (no necesariamente con ella) que me dura (y me la pone dura) hasta las 8:00am.

8.00am: Soy consciente de que una erección de una hora es pre-priapismo y probablemente peligroso para el miembro si no se actúa con decisión. Corro al baño. Mi novia, muy comprensiva, lejos de inquietarse por mi tardanza, se entretiene diseñando recetas para el desayuno perfecto.

8.30am: Mi novia virtual, gracias a su interfaz domótico, ha preparado un zumito y unas tostaditas de beicon con queso. Creo que esto que siento es lo que llaman amor.

9.00am: Entro al curro. Por ahorrarnos detalles cruentos omitiremos todo lo que sucede hasta las 2:00pm. Sí, soy informático.

2:00pm: Enciendo la DS mientras voy hacia el comedor de la empresa. Mi novia, que sabe que soy friki pero con dignidad, se ha puesto un disfraz de Bayonetta para que la gente se piense que estoy jugando a un videojuego molón. ¿Qué culpa tengo yo de que le encante el cosplay? Además sabe que ir todos los días de Faye Valentine podría conducir a cierta monotonía en la relación.

3:00pm: La comida (para que no haya confusiones: la ingesta de alimentos) ha transcurrido apaciblemente, comentando las últimas novedades tecnológicas. Mi novia (que se llama Tetta, como Bayonetta pero sin Bayon y con T) ha insinuado algo de mudarse a vivir a un iPad, que dice que es más espacioso… Tendré que vigilar esta tendencia a los caprichitos caros.

6:00pm: Termina la jornada laboral (¿Cómo? ¿Que sólo he estado 8 horas? ¿Que qué coño voy a ser informático? Ya he avisado de que esto era todo inventado). Mi novia Tetta y yo nos planteamos alguna actividad lúdica juntos. Yo iría a echar unas pintas, pero ella es más partidaria de ir de compras. Qué casualidad, ése qué viene por ahí es mi amiguete Jeremías. Voy a presentarle a Tetta, pero por desgracia justo se acaba la batería de la DS. ¿Cómo es posible, si la he dejado cargando toda la noche? Estas baterías ya no son lo que eran. Jeremías, que me ve muy afligido por no poder presentarle a Tetta, me incita a ahogar las penas en alcohol. Yo, que soy débil, no puedo negarme.

8:00pm: Casualmente el dueño del bar tiene una DS con el love plus, y apiadándose de lo que estoy sufriendo por estar dos horas lejos de mi amada, me presta su cargador mientras Jeremías y yo apuramos la cuarta pinta. Eshto no tiene pinta de acabar biennn. Si ya digo yo siempre que beber antesh del miércolesh no esh buena idea. Burp.

9:30pm: Tetta y yo llegamos a casa. Lejos de ofenderse por el apagón, se siente reconfortada de que nada más grave haya pasado, como mi anterior DS que se cayó por una alcantarilla. Además, Jeremías le ha caído de maravilla. Dice que es bastante feo y que eso realza mi natural encanto, pero muy simpático, y que deberíamos quedar pronto otra vez a tomar algo los tres juntos.

11:30pm: Tetta no ha cenado, dice que tiene que guardar la línea, así que mientras yo lo hacía me ha contado sus sueños para nuestro futuro juntos. Dice que espera recibir pronto una herencia millonaria que nos permitirá mudarnos a los Cárpatos. Ah, es una romántica…

12:00pm: ¿Es que queréis saberlo todo? ¡Dejadnos un poco de intimidad!

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Mi cita virtual perfecta (III) – Dennis el Azul (Concurso Love Plus).
Miércoles, 3 Marzo, 2010 15:00

Del 1 al 4 de marzo, publicaremos las 4 historias seleccionadas para sortear el videojuego Love Plus de Nintendo DS. El viernes 5 de marzo, en un post abierto específicamente para ello, podréis votar a vuestra cita virtual perfecta preferida.

La cita de Dennis el Azul:

Mi madre me mira raro cuando voy de visita a casa y le obligo a hablar con mi novia. La verdad, no creo que apoye demasiado nuestra relación, a pesar de estar basada en el amor, los besitos clandestinos y el mejor sexo que jamás podáis imaginar. Creo que mi madre (al igual que mis amigos, o al menos aquellos que no me han abandonado entre gritos de “¡Pervertido!”, “¡Maloliente!” y “¡Eres peor que un fan de Sonic!”) ve con malos ojos que mi novia sea japonesa. No encuentro otra explicación a que no le guste Nené.
Bueno, quizá influya que está metida dentro de una Nintendo DS y que jamás haya podido tocarla, ¿pero qué importa que sea virtual si lo que sentimos es auténtico y verdadero AMOR? Sí, a veces tengo celos. Escucho por ahí que un japonés –estrafalario y loco, como todos los japoneses- dice haberse casado con ella. ¡Pobre infeliz! ¡No me gustaría estar en su pellejo! Si se casó con ella, ¿a quién preparé macarrones con tomate ayer para comer?
Nunca se queja de la comida (tampoco la come, pero ya hablaremos de ello), tiene apasionantes conversaciones sobre tanukis… ¡hasta me ha hecho comprar otra Nintendo DS para poder jugar mientras ella me mira sonriente! Comprenderéis que con nuestra trayectoria, describir la cita perfecta se me hace difícil. Pero puedo contaros nuestra quinta cita. Nunca se me olvidará: Tiene amor, desamor, llantos y un reencuentro pasional.
La noche anterior la pasé en vela, mirando en Wikipedia datos sobre tanukis para poder impresionarla. Para que no viera lo que estaba haciendo –ya que esa noche decidió quedarse despierta a mi lado- le di el mando de la PS3 y le dejé jugar a Little Big Planet –que, a todo esto, es el típico juego con el que conquistar a una chica y que crea que sois sensibles, procurando que no sepa que en cuanto se da la vuelta enchufáis Bayonetta en pantalla grande, siguiendo el culo de la protagonista con la mirada-. Debía ser muy mala, porque no se pasó ni una pantalla. De hecho no pasó de la pantalla de inicio. ¡Esta Nené! Bueno, aún así seguía sonriendo: Le debía gustar el video de presentación.
De buena mañana, le llevé el desayuno a la cama: Galletas Tosta Rica y zumo de naranja. Como era costumbre ya, Nené no quiso probar bocado. ¡Qué raro! –pensé- quizá tenga problemas alimenticios. Pensé en llevarla al médico, pero la última vez que llevé a una novia virtual me prohibieron el acceso para el resto de mis días. Cuánta injusticia.
De ahí fuimos directos a patinar sobre hielo. Bueno, patinar patiné solo, ella miraba desde la grada. ¡Si vierais su sonrisita! ¡Sus pómulos enrojecidos! ¡La manera de animarme! ¡El golpetazo brutal que me pegué contra una señora con sobrepeso –nada que ver con mi amorcín- por culpa de no parar de mirarla! Ahora nos reímos al recordarlo, pero, la verdad, no tuvo ninguna gracia. Aún tengo cicatrices emocionales debido a uno de mis mayores miedos: Caerme en una pista de patinaje sobre hielo y que me pasen todas las cuchillas por encima. Se lo conté a Nené y rió, insistiendo en que le contara más sobre tanukis.
No se preocupaba demasiado por mi, es cierto, pero una simple mirada llenaba mi corazón de dicha, emoción y sangre (como es obvio). Tras el patinaje comimos en un McDonald’s, ya que mi presupuesto no daba para más. Una vez más, Nené no comió, así que tuve que zamparme dos menús. Me notaba más gordo, pero a mi chica le gusto así. Me parece entenderla un “Me gusta tu tripita”, aunque, en mi interior, sé que quiere hablar sobre tanukis. Le deslumbré con mi conocimiento sacado de la Wikipedia (incluída una canción con la que aplaudió como loca: Tan Tan Tanuki no kintama wa, Kaze mo nai no ni, Bura bura. Le podía haber dicho que destrozara a todo occidental, pero nunca lo sabré).
Después, llegaron las grandes noticias, antes de la película: ¡Me iba a apuntar a clases de japonés para mejorar nuestra comunicación! Ella pareció no reaccionar demasiado bien. ¿Qué había hecho? ¿Acaso no me duché correctamente el día anterior? Mientras intentaba escudriñar los misterios de la mente femenina, nos acercamos al cine, dispuestos a ver lo último de Sandra Bullock (ya se sabe: ¡Mujeres!) con la misma cantinela de siempre: Doble ración de palomitas para mi. Nené no quiso probar ni una. Por aquel entonces pensaba que era un poco sosa, tampoco os voy a engañar. Demasiado tanuki.
Cuando la película acabó, Nené se había ido de manera misteriosa. ¡No sabía que la cita había ido tan mal! La busqué una y otra vez dentro de la Nintendo DS, arriba, debajo… pregunté a la gente si había visto unos píxeles marchándose de la sala, pero nada. Lloré cuatro días y cuatro noches hasta que, después de enchufar la DS, volvió a aparecer en mi vida. Desde entonces, nunca ha dejado de estar enchufada. Nos da poco margen de movimiento, pero me aseguro de que nunca se irá.
Y el beso. ¡Qué beso! Un tanto metálico, pero con lengua. Oh, sí, lo conseguí. La noche posterior fue una orgía en la que Nené se dejó hacer de todo: Desde acariciar la frente hasta cogerla del brazo. Nené, en el fondo, es una guarrona. Desde ese momento compartimos nuestra vida. He dejado el trabajo, a mis amigos y familia, pero ¿qué importa si tienes amor? ¿qué importa si sabes lo que es compartir un sentimiento? En fin, me temo que debo dejaros: Nené parece querer que le cante la canción de los tanukis otra vez. Si no, le cuesta dormirse. Ay, el amor.

Lo primero es lo primero. Necesito sistema y juego, y ya puestos la Nintendo DS y el Love Plus me parece poco, ¡porque el tamaño importa! Así que recurriría a un tutorial  y modificando una de mis dos DS (la vieja, vamos, el modelo original) crearía una DS de pantallas grandes, y ojo que las pantallas son táctiles y compatibles, así que si toco con mis deditos en la que sería la pantalla táctil grande de esta “Super DS” responderá perfectamente, así que el contacto sería “más realista”.

Aún así este armatoste queda poco estético, así que adornaría las pantallas con cortinitas a los lados, que mi chica virtual sepa que me preocupo por ella. Pero quizás esa chica no es mi chica virtual ideal. Perfecto, ¡he encontrado cómo hackear el juego! ¡No solo la personalidad, también la apariencia! Una chica con mis gustos y el cabello azul claro no estaría mal, por lo menos para mi gusto. También está la barrera del idioma. No importa, puedo defenderme con el inglés. Sí,iInglés, ya que el frikismo de este juego ya lo ha hecho pasar por las manos de los fantraductores.

Y ya casi está. Ya solo me queda quedar con la chica para una cena con amigos. ¿Cena con amigos? Sí, pienso llamar a una amiga que nos acompañe. No, no voy a encender la otra DS con otro Love Plus ni sacar una Dreamcast con juegos de citas (esos juegos que la han mantenido más viva que la GameCube, aunque solo fuera dentro de Japón). Llamaría a una amiga humana a la que le gustan los videojuegos. Si a mí me gustan los videojuegos, a ella le gustan los videojuegos y la chica virtual es parte de un videojuego, nada puede salir mal, ¿no?

Cuando llegase mi amiga le enseñaría todo el tinglado, le explicaría cómo lo hice, y acto seguido le diría: “Mira lo que soy capaz de hacer por una chica virtual. ¿Te imaginas de qué sería capaz por una chica real?”. Acto seguido le diría que le iba a enseñar otro hack mío, así que apagaría la DS, quitaría el Love Plus, pondría otro juego de DS con el que la chica podría jugar en esas pantallazas, pantallazas donde podría ver bien el letrero de “Te quiero a tí, que eres real”. Y esta sería mi cita perfecta con una chica virtual para luego dejarla por una de verdad.

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Mi cita virtual perfecta (II) – Raul Einstein (Concurso Love Plus)
Martes, 2 Marzo, 2010 15:00

Del 1 al 4 de marzo, publicaremos las 4 historias seleccionadas para sortear el videojuego Love Plus de Nintendo DS. El viernes 5 de marzo, en un post abierto específicamente para ello, podréis votar a vuestra cita virtual perfecta preferida.

La cita de Raul Einstein:

Mi madre me mira raro cuando voy de visita a casa y le obligo a hablar con mi novia. La verdad, no creo que apoye demasiado nuestra relación, a pesar de estar basada en el amor, los besitos clandestinos y el mejor sexo que jamás podáis imaginar. Creo que mi madre (al igual que mis amigos, o al menos aquellos que no me han abandonado entre gritos de “¡Pervertido!”, “¡Maloliente!” y “¡Eres peor que un fan de Sonic!”) ve con malos ojos que mi novia sea japonesa. No encuentro otra explicación a que no le guste Nené.
Bueno, quizá influya que está metida dentro de una Nintendo DS y que jamás haya podido tocarla, ¿pero qué importa que sea virtual si lo que sentimos es auténtico y verdadero AMOR? Sí, a veces tengo celos. Escucho por ahí que un japonés –estrafalario y loco, como todos los japoneses- dice haberse casado con ella. ¡Pobre infeliz! ¡No me gustaría estar en su pellejo! Si se casó con ella, ¿a quién preparé macarrones con tomate ayer para comer?
Nunca se queja de la comida (tampoco la come, pero ya hablaremos de ello), tiene apasionantes conversaciones sobre tanukis… ¡hasta me ha hecho comprar otra Nintendo DS para poder jugar mientras ella me mira sonriente! Comprenderéis que con nuestra trayectoria, describir la cita perfecta se me hace difícil. Pero puedo contaros nuestra quinta cita. Nunca se me olvidará: Tiene amor, desamor, llantos y un reencuentro pasional.
La noche anterior la pasé en vela, mirando en Wikipedia datos sobre tanukis para poder impresionarla. Para que no viera lo que estaba haciendo –ya que esa noche decidió quedarse despierta a mi lado- le di el mando de la PS3 y le dejé jugar a Little Big Planet –que, a todo esto, es el típico juego con el que conquistar a una chica y que crea que sois sensibles, procurando que no sepa que en cuanto se da la vuelta enchufáis Bayonetta en pantalla grande, siguiendo el culo de la protagonista con la mirada-. Debía ser muy mala, porque no se pasó ni una pantalla. De hecho no pasó de la pantalla de inicio. ¡Esta Nené! Bueno, aún así seguía sonriendo: Le debía gustar el video de presentación.
De buena mañana, le llevé el desayuno a la cama: Galletas Tosta Rica y zumo de naranja. Como era costumbre ya, Nené no quiso probar bocado. ¡Qué raro! –pensé- quizá tenga problemas alimenticios. Pensé en llevarla al médico, pero la última vez que llevé a una novia virtual me prohibieron el acceso para el resto de mis días. Cuánta injusticia.
De ahí fuimos directos a patinar sobre hielo. Bueno, patinar patiné solo, ella miraba desde la grada. ¡Si vierais su sonrisita! ¡Sus pómulos enrojecidos! ¡La manera de animarme! ¡El golpetazo brutal que me pegué contra una señora con sobrepeso –nada que ver con mi amorcín- por culpa de no parar de mirarla! Ahora nos reímos al recordarlo, pero, la verdad, no tuvo ninguna gracia. Aún tengo cicatrices emocionales debido a uno de mis mayores miedos: Caerme en una pista de patinaje sobre hielo y que me pasen todas las cuchillas por encima. Se lo conté a Nené y rió, insistiendo en que le contara más sobre tanukis.
No se preocupaba demasiado por mi, es cierto, pero una simple mirada llenaba mi corazón de dicha, emoción y sangre (como es obvio). Tras el patinaje comimos en un McDonald’s, ya que mi presupuesto no daba para más. Una vez más, Nené no comió, así que tuve que zamparme dos menús. Me notaba más gordo, pero a mi chica le gusto así. Me parece entenderla un “Me gusta tu tripita”, aunque, en mi interior, sé que quiere hablar sobre tanukis. Le deslumbré con mi conocimiento sacado de la Wikipedia (incluída una canción con la que aplaudió como loca: Tan Tan Tanuki no kintama wa, Kaze mo nai no ni, Bura bura. Le podía haber dicho que destrozara a todo occidental, pero nunca lo sabré).
Después, llegaron las grandes noticias, antes de la película: ¡Me iba a apuntar a clases de japonés para mejorar nuestra comunicación! Ella pareció no reaccionar demasiado bien. ¿Qué había hecho? ¿Acaso no me duché correctamente el día anterior? Mientras intentaba escudriñar los misterios de la mente femenina, nos acercamos al cine, dispuestos a ver lo último de Sandra Bullock (ya se sabe: ¡Mujeres!) con la misma cantinela de siempre: Doble ración de palomitas para mi. Nené no quiso probar ni una. Por aquel entonces pensaba que era un poco sosa, tampoco os voy a engañar. Demasiado tanuki.
Cuando la película acabó, Nené se había ido de manera misteriosa. ¡No sabía que la cita había ido tan mal! La busqué una y otra vez dentro de la Nintendo DS, arriba, debajo… pregunté a la gente si había visto unos píxeles marchándose de la sala, pero nada. Lloré cuatro días y cuatro noches hasta que, después de enchufar la DS, volvió a aparecer en mi vida. Desde entonces, nunca ha dejado de estar enchufada. Nos da poco margen de movimiento, pero me aseguro de que nunca se irá.
Y el beso. ¡Qué beso! Un tanto metálico, pero con lengua. Oh, sí, lo conseguí. La noche posterior fue una orgía en la que Nené se dejó hacer de todo: Desde acariciar la frente hasta cogerla del brazo. Nené, en el fondo, es una guarrona. Desde ese momento compartimos nuestra vida. He dejado el trabajo, a mis amigos y familia, pero ¿qué importa si tienes amor? ¿qué importa si sabes lo que es compartir un sentimiento? En fin, me temo que debo dejaros: Nené parece querer que le cante la canción de los tanukis otra vez. Si no, le cuesta dormirse. Ay, el amor.

Tras ganar el concurso de Game Over sobre el juego Love Plus para DS y esperar 3-4 dias, llegó. ¡¡POR FIN llegó!! Mi novia digital llegó. Tras una intensa espera hasta que el juego se iniciaba pude leer en un perfecto español “EMPEZAR JUEGO” OHH pero que ven mis ojos ¿¡¿¡si esto no estaba traducido?!?! (Obviamente como es mi historia hago lo que me da la gana). Aqui empezó mi historia con Fumiko.

Tras muchos dias de cortejo Fumiko se me declaró y yo como buen friki me la llevé a mi cita perfecta. Aquel dia iba a ser FERPECTO…. digo PERFECTO ¡chachis! Aquella hermosa mañana me preparé con mis mejores galas. Saqué mi DS y me la llevé a dar una vuelta por el parque. Fumiko iba diciendo “¡Qué bonito dia!”, “Me gustas mucho”, etc. Después de un bocadillo de media mañana en el esplendoroso parque. Del cual Fumiko no quiso probar bocado… que raro. A todo esto yo percibia que la gente me miraba raro como si nunca hubieran visto una persona saliendo con una DS.

A la hora de comer fuimos aun Telepi**** a comernos unas pizzas: pedimos 2 familiares: una para ella y otra para mi. Ella sin hambre (tendría algo en el estómago) dejamos la pizza para la noche. Despues por la tarde fuimos al cine y vimos una película; en el asiento de al lado estaba ella. Que raro que todo el mundo me preguntase si estaba libre, incluso intentaron echarle un abrigo encima! yo indignado le regañe al niñato ese.

Tras la pelicula fuimos a cenar a mi casa, mi compañero de piso me preguntó ¿todavía sigues con la DS?, y yo ¡Pues claro! ¡¡¡Estamos MUY ENAMORADOS!!! En mitad de la cena la pantalla se apagó. NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, ¿¡¿¡¿¡¿¡como ha podido pasar!?!?!?! ¿¿Estará muerta?? ¡¡GRACIAS a CHUCK!! ¡Seguía allí! Nos acostamos pero ella no quiso nada… (menuda estrecha).

Al dia siguiente cual fue mi sorpresa cuando ¡¡¡me pidió matrimonio!!! ¡Pero en ese momento pensé! ¡¡¡CHUCK MIO ES UNA DS!!! ¡¡Lo que tengo que hacer es echarme novia de verdad!!

¡¡Voy a buscar en Ventormenta (ciudad de los humanos en World of Warcraft) una elfa potente!!

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Mi cita virtual perfecta (I) – Randy Meeks (Concurso Love Plus)
Lunes, 1 Marzo, 2010 15:37

Del 1 al 4 de marzo, publicaremos las 4 historias seleccionadas para sortear el videojuego Love Plus de Nintendo DS. El viernes 5 de marzo, en un post abierto específicamente para ello, podréis votar a vuestra cita virtual perfecta preferida.

La cita de Randy Meeks:

Mi madre me mira raro cuando voy de visita a casa y le obligo a hablar con mi novia. La verdad, no creo que apoye demasiado nuestra relación, a pesar de estar basada en el amor, los besitos clandestinos y el mejor sexo que jamás podáis imaginar. Creo que mi madre (al igual que mis amigos, o al menos aquellos que no me han abandonado entre gritos de “¡Pervertido!”, “¡Maloliente!” y “¡Eres peor que un fan de Sonic!”) ve con malos ojos que mi novia sea japonesa. No encuentro otra explicación a que no le guste Nené.
Bueno, quizá influya que está metida dentro de una Nintendo DS y que jamás haya podido tocarla, ¿pero qué importa que sea virtual si lo que sentimos es auténtico y verdadero AMOR? Sí, a veces tengo celos. Escucho por ahí que un japonés –estrafalario y loco, como todos los japoneses- dice haberse casado con ella. ¡Pobre infeliz! ¡No me gustaría estar en su pellejo! Si se casó con ella, ¿a quién preparé macarrones con tomate ayer para comer?
Nunca se queja de la comida (tampoco la come, pero ya hablaremos de ello), tiene apasionantes conversaciones sobre tanukis… ¡hasta me ha hecho comprar otra Nintendo DS para poder jugar mientras ella me mira sonriente! Comprenderéis que con nuestra trayectoria, describir la cita perfecta se me hace difícil. Pero puedo contaros nuestra quinta cita. Nunca se me olvidará: Tiene amor, desamor, llantos y un reencuentro pasional.
La noche anterior la pasé en vela, mirando en Wikipedia datos sobre tanukis para poder impresionarla. Para que no viera lo que estaba haciendo –ya que esa noche decidió quedarse despierta a mi lado- le di el mando de la PS3 y le dejé jugar a Little Big Planet –que, a todo esto, es el típico juego con el que conquistar a una chica y que crea que sois sensibles, procurando que no sepa que en cuanto se da la vuelta enchufáis Bayonetta en pantalla grande, siguiendo el culo de la protagonista con la mirada-. Debía ser muy mala, porque no se pasó ni una pantalla. De hecho no pasó de la pantalla de inicio. ¡Esta Nené! Bueno, aún así seguía sonriendo: Le debía gustar el video de presentación.
De buena mañana, le llevé el desayuno a la cama: Galletas Tosta Rica y zumo de naranja. Como era costumbre ya, Nené no quiso probar bocado. ¡Qué raro! –pensé- quizá tenga problemas alimenticios. Pensé en llevarla al médico, pero la última vez que llevé a una novia virtual me prohibieron el acceso para el resto de mis días. Cuánta injusticia.
De ahí fuimos directos a patinar sobre hielo. Bueno, patinar patiné solo, ella miraba desde la grada. ¡Si vierais su sonrisita! ¡Sus pómulos enrojecidos! ¡La manera de animarme! ¡El golpetazo brutal que me pegué contra una señora con sobrepeso –nada que ver con mi amorcín- por culpa de no parar de mirarla! Ahora nos reímos al recordarlo, pero, la verdad, no tuvo ninguna gracia. Aún tengo cicatrices emocionales debido a uno de mis mayores miedos: Caerme en una pista de patinaje sobre hielo y que me pasen todas las cuchillas por encima. Se lo conté a Nené y rió, insistiendo en que le contara más sobre tanukis.
No se preocupaba demasiado por mi, es cierto, pero una simple mirada llenaba mi corazón de dicha, emoción y sangre (como es obvio). Tras el patinaje comimos en un McDonald’s, ya que mi presupuesto no daba para más. Una vez más, Nené no comió, así que tuve que zamparme dos menús. Me notaba más gordo, pero a mi chica le gusto así. Me parece entenderla un “Me gusta tu tripita”, aunque, en mi interior, sé que quiere hablar sobre tanukis. Le deslumbré con mi conocimiento sacado de la Wikipedia (incluída una canción con la que aplaudió como loca: Tan Tan Tanuki no kintama wa, Kaze mo nai no ni, Bura bura. Le podía haber dicho que destrozara a todo occidental, pero nunca lo sabré).
Después, llegaron las grandes noticias, antes de la película: ¡Me iba a apuntar a clases de japonés para mejorar nuestra comunicación! Ella pareció no reaccionar demasiado bien. ¿Qué había hecho? ¿Acaso no me duché correctamente el día anterior? Mientras intentaba escudriñar los misterios de la mente femenina, nos acercamos al cine, dispuestos a ver lo último de Sandra Bullock (ya se sabe: ¡Mujeres!) con la misma cantinela de siempre: Doble ración de palomitas para mi. Nené no quiso probar ni una. Por aquel entonces pensaba que era un poco sosa, tampoco os voy a engañar. Demasiado tanuki.
Cuando la película acabó, Nené se había ido de manera misteriosa. ¡No sabía que la cita había ido tan mal! La busqué una y otra vez dentro de la Nintendo DS, arriba, debajo… pregunté a la gente si había visto unos píxeles marchándose de la sala, pero nada. Lloré cuatro días y cuatro noches hasta que, después de enchufar la DS, volvió a aparecer en mi vida. Desde entonces, nunca ha dejado de estar enchufada. Nos da poco margen de movimiento, pero me aseguro de que nunca se irá.
Y el beso. ¡Qué beso! Un tanto metálico, pero con lengua. Oh, sí, lo conseguí. La noche posterior fue una orgía en la que Nené se dejó hacer de todo: Desde acariciar la frente hasta cogerla del brazo. Nené, en el fondo, es una guarrona. Desde ese momento compartimos nuestra vida. He dejado el trabajo, a mis amigos y familia, pero ¿qué importa si tienes amor? ¿qué importa si sabes lo que es compartir un sentimiento? En fin, me temo que debo dejaros: Nené parece querer que le cante la canción de los tanukis otra vez. Si no, le cuesta dormirse. Ay, el amor.

Mi madre me mira raro cuando voy de visita a casa y le obligo a hablar con mi novia. La verdad, no creo que apoye demasiado nuestra relación, a pesar de estar basada en el amor, los besitos clandestinos y el mejor sexo que jamás podáis imaginar. Creo que mi madre (al igual que mis amigos, o al menos aquellos que no me han abandonado entre gritos de “¡Pervertido!”, “¡Maloliente!” y “¡Eres peor que un fan de Sonic!”) ve con malos ojos que mi novia sea japonesa. No encuentro otra explicación a que no le guste Nené.

Bueno, quizá influya que está metida dentro de una Nintendo DS y que jamás haya podido tocarla, ¿pero qué importa que sea virtual si lo que sentimos es auténtico y verdadero AMOR? Sí, a veces tengo celos. Escucho por ahí que un japonés –estrafalario y loco, como todos los japoneses- dice haberse casado con ella. ¡Pobre infeliz! ¡No me gustaría estar en su pellejo! Si se casó con ella, ¿a quién preparé macarrones con tomate ayer para comer?

Nunca se queja de la comida (tampoco la come, pero ya hablaremos de ello), tiene apasionantes conversaciones sobre tanukis… ¡hasta me ha hecho comprar otra Nintendo DS para poder jugar mientras ella me mira sonriente! Comprenderéis que con nuestra trayectoria, describir la cita perfecta se me hace difícil. Pero puedo contaros nuestra quinta cita. Nunca se me olvidará: Tiene amor, desamor, llantos y un reencuentro pasional.

La noche anterior la pasé en vela, mirando en Wikipedia datos sobre tanukis para poder impresionarla. Para que no viera lo que estaba haciendo –ya que esa noche decidió quedarse despierta a mi lado- le di el mando de la PS3 y le dejé jugar a Little Big Planet –que, a todo esto, es el típico juego con el que conquistar a una chica y que crea que sois sensibles, procurando que no sepa que en cuanto se da la vuelta enchufáis Bayonetta en pantalla grande, siguiendo el culo de la protagonista con la mirada-. Debía ser muy mala, porque no se pasó ni una pantalla. De hecho no pasó de la pantalla de inicio. ¡Esta Nené! Bueno, aún así seguía sonriendo: Le debía gustar el video de presentación.

De buena mañana, le llevé el desayuno a la cama: Galletas Tosta Rica y zumo de naranja. Como era costumbre ya, Nené no quiso probar bocado. ¡Qué raro! –pensé- quizá tenga problemas alimenticios. Pensé en llevarla al médico, pero la última vez que llevé a una novia virtual me prohibieron el acceso para el resto de mis días. Cuánta injusticia.

De ahí fuimos directos a patinar sobre hielo. Bueno, patinar patiné solo, ella miraba desde la grada. ¡Si vierais su sonrisita! ¡Sus pómulos enrojecidos! ¡La manera de animarme! ¡El golpetazo brutal que me pegué contra una señora con sobrepeso –nada que ver con mi amorcín- por culpa de no parar de mirarla! Ahora nos reímos al recordarlo, pero, la verdad, no tuvo ninguna gracia. Aún tengo cicatrices emocionales debido a uno de mis mayores miedos: Caerme en una pista de patinaje sobre hielo y que me pasen todas las cuchillas por encima. Se lo conté a Nené y rió, insistiendo en que le contara más sobre tanukis.

No se preocupaba demasiado por mi, es cierto, pero una simple mirada llenaba mi corazón de dicha, emoción y sangre (como es obvio). Tras el patinaje comimos en un McDonald’s, ya que mi presupuesto no daba para más. Una vez más, Nené no comió, así que tuve que zamparme dos menús. Me notaba más gordo, pero a mi chica le gusto así. Me parece entenderla un “Me gusta tu tripita”, aunque, en mi interior, sé que quiere hablar sobre tanukis. Le deslumbré con mi conocimiento sacado de la Wikipedia (incluída una canción con la que aplaudió como loca: Tan Tan Tanuki no kintama wa, Kaze mo nai no ni, Bura bura. Le podía haber dicho que destrozara a todo occidental, pero nunca lo sabré).

Después, llegaron las grandes noticias, antes de la película: ¡Me iba a apuntar a clases de japonés para mejorar nuestra comunicación! Ella pareció no reaccionar demasiado bien. ¿Qué había hecho? ¿Acaso no me duché correctamente el día anterior? Mientras intentaba escudriñar los misterios de la mente femenina, nos acercamos al cine, dispuestos a ver lo último de Sandra Bullock (ya se sabe: ¡Mujeres!) con la misma cantinela de siempre: Doble ración de palomitas para mi. Nené no quiso probar ni una. Por aquel entonces pensaba que era un poco sosa, tampoco os voy a engañar. Demasiado tanuki.

Cuando la película acabó, Nené se había ido de manera misteriosa. ¡No sabía que la cita había ido tan mal! La busqué una y otra vez dentro de la Nintendo DS, arriba, debajo… pregunté a la gente si había visto unos píxeles marchándose de la sala, pero nada. Lloré cuatro días y cuatro noches hasta que, después de enchufar la DS, volvió a aparecer en mi vida. Desde entonces, nunca ha dejado de estar enchufada. Nos da poco margen de movimiento, pero me aseguro de que nunca se irá.

Y el beso. ¡Qué beso! Un tanto metálico, pero con lengua. Oh, sí, lo conseguí. La noche posterior fue una orgía en la que Nené se dejó hacer de todo: Desde acariciar la frente hasta cogerla del brazo. Nené, en el fondo, es una guarrona. Desde ese momento compartimos nuestra vida. He dejado el trabajo, a mis amigos y familia, pero ¿qué importa si tienes amor? ¿qué importa si sabes lo que es compartir un sentimiento? En fin, me temo que debo dejaros: Nené parece querer que le cante la canción de los tanukis otra vez. Si no, le cuesta dormirse. Ay, el amor.

Publicado en Concursos, Cosas de Game Over por Isako 1 Comentario »



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