
Hoy es uno de esos días en que uno se encuentra reflexivo. Volviendo del trabajo me he cruzado con unos chavales que llevaban el uniforme de mi antiguo instituto. “Ya ha llovido” pensé mientras aceleraba el paso hasta mi casa (hace bastante calor ya por Sevilla en esta fecha y más después de haber estado sacando muelas).
Cuando por fin pude depositar mis posaderas en el sofá del salón, de un vistazo comprobé que también ha llovido en ese hobby que tanto nos atrae. Una mastodóntica PS3 se encontraba junto a una tele HD y en un estante bajo ella, la Wii esperaba la llegada de nuevos títulos de “verdadero interés” guardada en su caja al lado de 2 cestos llenos de cacharros de plástico que se hacen llamar accesorios. Es entonces cuando me acuerdo de que mi NES aún vive (junto a una viejuna tele ELBE de 7 botones con una ruedecita para subir y bajar el volumen), y caigo en la conclusión de que las aficiones en general y los videojuegos en particular, son ciclos recurrentes, como cuando te sueltan el tan manido topicazo de que la moda de hoy es la misma que hace pum años y que dentro de no mucho todos llevaremos pantalones de pitillo y hombreras… asusta… pero puede que no les falte razón…
Como supongo que le ocurrirá a algunos otros de los más viejunos del lugar (sin llegar al extremo de Isako, que ya tenía perilla cuando usaba el MSX), todo comenzó por la época de los 90, cuando por un cumpleaños, unos reyes o cualquier tipo de aniversario nos regalaron uno de aquellos cacharros, que se conectaban a la tele y nos hacían partícipes de lo que en ella se veía.
Las, por muchos satanizadas, “maquinitas” habían entrado en mi vida por la puerta grande, mi padre me dio una enorme caja en la que se intuía a un señor con gorra y bigote y unos pixelados patos… Unas primeras vidas al mando del fontanero italiano (o eso me contaron más tarde) y unos tiros con la Zapper, me sirvieron para tener la certeza de que esta forma de entretenimiento había entrado en mi vida para quedarse o, al menos, eso creía.

Muchos jugones se iniciaron con esta "maquinita"
Poco a poco me encontré con una sensación de complicidad entre yo, y mi alter-ego virtual; podía sentir que rescataba princesas
de las garras de extraños lagartos que lanzaban martillos, iba recolectando fragmentos de algo conocido como la trifuerza a base de tirar de un diccionario de inglés, me podía convertir en mapache volador e incluso nadar y nadar entre calamares sin necesidad de respirar!
Pasaban los años y mis ansias por ampliar horizontes me llevaban a repetir hasta el extremo que quería una GameBoy, más tarde
me decantaría por probar con esa máquina negra en la que salía un erizo azul de rojas zapatillas. Cada vez me encontraba más cómodo con juegos más complejos y elaborados… me estaba convirtiendo en un jugador hardcore pero había un problema, cada vez tenía menos tiempo para dedicarle a este hobby que tanto me entusiasmaba al margen de los estudios… había pegado el estirón e iba teniendo más interés en quedar con los amigos y no precisamente para jugar a la PSX, sino para salir con la vaga esperanza de pillar cacho de alguna manera, cosa que solía tener resultado más que mediocre para desgracia mía y de mis compañeros de fatigas.
Pasito a pasito fui abandonando el rebaño, poniéndole los cuernos a las máquinas de sobremesa con mesas de billar y futbolines… Fue entonces cuando llegó la ruptura que pensé que sería definitiva: Dreamcast.
Me sentí ultrajado, herido en lo más hondo de mi ser, cuando la mejor máquina que había tenido fue abandonada en el arroyo por la propia Sega. Dedicaría más tiempo a la chavalada e iría realizando un discreto mutis por el foro en el mundillo, relegando mis horas de juego a simples partiditas para pasar el tiempo. Esporádicos vicios a juegos de PC y viejas glorias consoleras saciaban ese apetito en lo más profundo, pero no me engañaba a mi mismo. Mis grandes días de jugón habían llegado a su fin. Un tío hecho y derecho no iba a andar jugando a las maquinitas.
Fue aquel 26 de Diciembre de 2006 cuando llegó ella, blanca e inmaculada, embalada artísticamente en una caja de cartón de los
chinos con indios y vaqueros de plástico y llena de confeti. Mi novia me había conseguido tras una ardua misión de búsqueda, aquella consola que había despertado en mi tanta curiosidad, la tan difícilmente accesible Wii.
Las partidas entre amigotes se fueron sucediendo, minijuegos a gogó, sesiones nocturnas de vicio, y muchas risas, pero
sobre todo, un reencuentro que fue despertando en mi algo dormido hace unos años. La “casualidad” (no la que tiene que ver con el azar, la otra, la del wiiplay y los minijuegos) fue rescatando a mi alma hardcore de su letargo, despertando el apetito por los videojuegos que iban más allá de los 15 minutos con 3 amigos, aquellos que te contaban una historia, los que te hacían aflorar sentimientos, los que se pueden considerar verdaderas obras de arte. Año y medio más tarde, con mi primer sueldo después de acabar la carrera me hice con una PS3 con la última aventura de Snake.
Finalmente, había vuelto, la “casualidad” me había traído de regreso.

La "casualidad" personificada
Desconozco si seré un caso aislado, pero lo que si que tengo claro es que la idea de ampliar el mercado y el target por parte de Nintendo no ha hecho otra cosa que mejorar la imagen que la sociedad tenía de los videojuegos estando, por suerte, mejor conceptuados y menos demonizados en general, moviendo más publicidad, generando más ingresos e incluso llegando a ser considerado cultura en nuestro país.
No negaré que Iwata parece dejarnos a los jugadores de la vieja escuela las migajas de la vieja Nintendo, pero no me cabe duda de que si hoy hay una moda por los juegos casuals, en contra de lo que pudiera parecer, no hace otra cosa que beneficiarnos, ya que es como una chispa que enciende el fuego, como ese primer fasciculo barato y resultón de una colección, y por muy extraño que nos parezca, los que hoy juegan a “Imagina ser la prima de Barbie” serán los hardcore de mañana.
Los tiempos y las circunstancias cambian, y nosotros con ellas.
Quizás sea que es tarde, o puede que se trate de los efectos secundarios de los antihistamínicos, pero lo abrupto y escabroso de
esta relación a lo largo de los años, con sus altibajos, épocas de verdadera pasión, desengaños y reencuentros, hacen que me de cuenta de que me voy haciendo viejo, pero no lo suficiente como para que me canse de esto.





Bravo!
Toda la razón del mundo, además, es un tema muy común en las conversaciones con el octogenario Isako.
El motivo es que por salto generacional, todos los juegos que él (Isako) no tenía en cuenta por ser infantiles, eran la base de mi mundo virtual y, por ello, nos encontramos con situaciones opuestas al hablar de Pokémon, Crash y, como no, de Wii.
Es curioso como la historia se repite con diferentes nombres, pero mismas situaciones y por ello me auguro a pensar que si los más viejos del sector miran con buenos ojos juegos de épocas pasadas, puede ser que ese sea simplemente el efecto de la nostalgia? puede ser que juegos tachados de obras maestras solo lo sean por recuerdos pasados de esos analistas viejunos? Esperemos que no sea el caso, pero si lo fuera, sería una circunstancia la mar de divertida :)
No sé porqué la gente dice que los juegos casuals son malos. Yo simplemente los veo como juegos, y punto, no son de mi estilo ni el de muchos otros.
Tras leer tu artículo me doy cuenta de que tienes razón, que sirven, en cierto modo, para perderles el miedo a los videojuegos. A ver si algún día dentro de unos años me encuentro en cualquier juego de rival a alguna de esas niñas que hoy juegan al “Imagina ser un tópico machista” o al “BurroZ” y tenemos un combate interesante… o volverá a ganar Sakura a Zangief con perfect y siendo yo quien juega con Sakura.
Benelux, no desprecio a Pokémon, simplemente no lo tengo en cuenta porque cuando salió en Europa, ya me pilló con bastante veteranía sobre los hombros. Y también, como a todos, de chaval me gustaban algunos juegos que no eran gran cosa.
Sin embargo, sigo considerando a Crash un mal juego. Puede que a los más jovenes les gustase, pero considero que en aquella época, lo que ofrecía Crash estaba más que superado. Al igual que pacman hoy día es un juego bastante mediocre, en su día fue un título muy original. Pokémon, en la fecha de su lanzamiento, era un buen título para el público que buscaba.
Básicamente, los juegos hay que catalogarlos en la época en la que salieron. Goldeneye es un juego más que superado, pero en su momento fue toda una revolución.
Gran articulo, tienes toda la razon. Nintendo ha conseguido mejorar la imagen de los videojuegos, pero por otra parte me gustaria que sacaran mejores cosas para sus plataformas, sobre todo para Wii, ya que creo que Ds tiene muy grandes sagas. Saludus, y ya me estoy guardando el blog en favoritos xd