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En la primera parte de la resumida biografía de Ralph Baer, nos quedamos con la presentación del hombre y su sueño, y como consiguió, con mucho esfuerzo y dedicación, crear el primer videojuego de la historia.
Tardó casi veinte años en conseguirlo, pero por el camino asentó las bases de la industria tal y como la conocemos actualmente. Creó incluso los primeros periféricos, e incluso adelantaría lo que sería en el futuro la compra de contenidos bajo demanda.
Entre finales de 1971 y principios del 72, los ingenieros de Magnavox dieron forma final a la que sería la Magnavox Odyssey, la primera consola de la historia, aunque su diseño final distaría en varios aspectos de las ideas originales de Baer.
En Mayo de 1972 se presenta oficialmente el producto a lo largo y ancho de todo Estados Unidos, con la prensa bastante hypeada porque el proyecto se llevó con mucho secretismo; estos hablaban del nuevo y misterioso producto de Magnavox.
Solo algunos afortunados vendedores pudieron disfrutar de la consola antes de su presentación oficial, y el consenso era patente… todo el mundo estaba convencido que el éxito del producto estaba asegurado.
Magnavox sabía que tenía algo muy grande entre manos y prepararon una serie de fiestas de presentación en las principales ciudades de Estados Unidos, siendo el centro neurálgico de toda la movida en Nueva York, con una celebración que contó incluso con la presencia del orgulloso Ralph Baer.
Los asistentes a estas fiestas podían probar en exclusiva la consola y sus primeros juegos, que aún tardarían en aparecer a la venta en algunos puntos del mapa.
Precisamente en una de esas fiestas, la de Chicago, aparece entre los asistentes un jovencísimo y desconocido Nolan Bushnell, que prueba entre otros el juego estrella de Odyssey, el Ping Pong. Poco después, Bushnell crea junto a Alan Alcorn la recreativa del PONG, que fue un enorme éxito comercial, aunque Bushnell se pasó la vida negando que el juego de Odyssey le influyera lo más mínimo aquel día… No es de extrañar que Magnavox le denunciara al poco tiempo, y ambos protagonizaran uno de los litigios judiciales más memorables de la historia del videojuego, pero no nos avancemos…
A lo largo del año 72, se pone a la venta oficialmente el sistema, que consigue vender en poco tiempo 100.000 unidades; una cifra más que respetable teniendo en cuenta primero la época, segundo la innovación que supone ser la primera consola de la historia, tercero el precio, 100 dólares de la época, y cuarto, que una mal orientada campaña de marketing restó probablemente un buen número de ventas.
La gente pensaba que la consola solo podía funcionar en televisores de la marca Magnavox… esto es como si hoy día el público pensara que una PlayStation solo puede funcionar en un televisor Sony, lo que hoy nos parece ridículo, pero hay que entender el momento histórico en el que nos encontramos y la falta de hábito del mercado.
Esta infundada creencia seguramente surgió porque la consola únicamente se vendía en establecimientos autorizados Magnavox, algo que en los años ochenta se hacía mucho, incluso en España. Práctica por la que, por cierto, años más tarde sería denunciada la compañía, por practicas monopolistas y no permitir el libre mercado.
Para desmentir esta creencia popular, Magnavox inició una campaña masiva de marketing, que incluyó, entre otros, un show televisivo en horario de máxima audiencia con Frank Sinatra como invitado estrella.

El Pack de la Odyssey es un pack muy curioso, por lo menos bajo nuestros estándares actuales, y algunos aspectos no gustan a Baer ni siguen sus principios… pero ya sabéis como es el Marketing, aunque algunos aspectos mejoraron considerablemente el producto.
En primer lugar el pack valía 100 dólares en lugar de los veinte que tenía Baer en mente cuando diseñó el sistema para ser lo más barato posible. Y eso a pesar que el diseño final de Magnavox solo acepta juegos en blanco y negro, pese a que el prototipo original de Baer contaba con fondos a todo color.
Para suplir esta carencia, la Odyssey viene acompañada de unas láminas transparentes de color que se pegaban encima del televisor, que debieron ser un problema en televisores de tamaños poco comunes.
En el interior de la caja de Odyssey encontramos, además del aparato y dos primitivos mandos, seis tarjetas de memoria con los seis juegos de lanzamiento grabados en su interior.
Este es uno de los aspectos que los agentes de Magnavox mejoraron respecto al diseño original de Baer, que originalmente quería que los juegos vinieran grabados en el interior de la consola, pero que naturalmente, habría impedido el florecimiento de la industria del videojuego. El departamento de marketing e ingeniería de Magnavox crea en el proceso, el sistema de soporte físico de almacenamiento de juegos, que continuaría hasta nuestros días en forma de cartuchos y CDs. Además, eso permitiría que a posteriori, aparecieran nuevos títulos para la consola.
Además de todo esto, el pack incluye también una libreta para apuntar nuestras máximas puntuaciones (la consola no podía guardarlas en memoria como las recreativas), y barajas de cartas, fichas de poker y billetes a lo Monopoly, para utilizar en los juegos de casino.
Acompaña también al pack un set de pilas, porque la primera consola de la historia, una consola de sobremesa, funcionaba con pilas.
Podía conectarse a la corriente mediante un adaptador, pero este era vendido por separado como accesorio, junto a otros periféricos como la Light Gun, que junto al título Shooting Gallery, se convirtió en el primer título de disparos, cuando la Zapper de Nintendo no era más que un sueño.
Salieron hasta diez títulos más para la Odyssey hasta el año 73, y además, la compañía te mandaba un juego gratis si te registrabas en una especie de prehistórico Club Nintendo.
Resumiendo, que como podéis ver, entre Baer y Magnavox, inventaron todos los aspectos básicos que han definido y definen actualmente el mercado del videojuego.

Magnavox realizó una importante campaña de marketing para que el producto se hiciera rapidamente famoso.
Baer, pese a que hayan modificado algunos de los conceptos básicos que definían su sueño, esta satisfecho con el fruto de su trabajo, y sigue trabajando codo con codo con Magnavox incluso después de aparecer la consola en el mercado, pero como en anteriores ocasiones, sus ideas son rechazadas por estar demasiado avanzadas a su tiempo.
Por ejemplo, en el 73 intenta convencer a Magnavox de sacar un módulo especial, que conectado a la Odyssey, le permitiera a ésta reproducir sonido. En sus memorias, Baer confiesa que el principal remordimiento que tiene respecto a su consola, fue no pensar en la posibilidad de incorporar sonido, que tan magistralmente añadirían sus competidores en los años venideros.
También insistió en la posibilidad de incorporar chips de hardware especializados en el interior de algunos juegos, para permitir nuevas funcionalidades a la consola… un poco en la línea de lo que haría, por ejemplo, Nintendo con su chip SuperFX.
Todas estas ideas fueron rechazadas, lo que llevó a Baer a poco a poco separarse de la industria y de su invento, centrándose cada vez más en los juguetes electrónicos… de hecho, no sería la última vez que haría historia.
En el año 78, Baer inventó, junto a un colega, el mítico Simon. El mismo año, por cierto, que apareció al mercado la Oddisey2.
La consola llegó a vender hasta 350.000 unidades, lo que permitió la apertura y florecimiento de la industria del videojuego, al menos hasta el crack del 83.
Pero pese a los evidentes beneficios, donde realmente salió ganando Magnavox fue con los royalties que les dio su patente de sistema de videojuegos domestico.
Durante años, todas las compañías que querían sacar un sistema similar a una consola, tenían que pagar por narices un tanto a Magnavox. Hasta las más poderosas como Nintendo y Atari tuvieron que pasar por el aro; ni siquiera Mattel o Activision, que fue la primera desarrolladora de juegos independiente de la historia, se salvaron. Todas ellas hicieron lo imposible para evitar pagar a Magnavox, dejando para el recuerdo memorables demandas judiciales.
Atari fue denunciada por Magnavox por los evidentes parecidos entre el Ping Pong de la Odyssey y el mítico PONG, presentando como prueba lapidaria el registro de visitas de la fiesta de presentación de Chicago, donde Bushnell probó el juego tan solo medio año antes de sacar al mercado su título.
Por otro lado, también Nintendo intentó demostrar en los tribunales que Baer no inventó el videojuego tal y como lo conocemos, y que por esas razones no estaban obligados en absoluto a pagar royalties.
Es curioso comprobar que ambas demandas, las que más dieron que hablar en la época, utilizaron en su defensa el mismo recurso, la existencia de un primitivo juego llamado “Tennis for Two” que funcionaba en un osciloscopio allá por los años 50.
Bushnell alegó que la verdadera inspiración del PONG fue precisamente ese título, y Nintendo que el creador de ese juego, William Higinbotham, era el verdadero padre del videojuego.
Sus esfuerzos fueron inútiles y ambos perdieron. Bushnell tuvo que apoquinar 700.000 dólares de la época y Nintendo siguió pagando royalties durante años pese al fastidio de Yamauchi. En este último juicio fue seguramente donde se fijó la definición exacta actual de videojuego como el sistema que modifica la señal de video para reflejar imágenes mediante un sistema electrónico en un televisor o pantalla.
No solo los dos más grandes perdieron, uno tras otro cayeron aquellos que intentaron plantar cara a Magnavox, y Baer pasaba más tiempo haciendo ingeniería inversa a los productos de la competencia buscando infracciones en sus patentes, que explorando nuevas ideas o proyectos.
Se calcula que en total Magnavox llegó a ganar hasta 100 millones de dólares en royalties y derechos. Cifra que los abogados de las diferentes empresas para las que trabajaba Baer se encargaron de disimular todo lo posible para que éste no se enterase. De hecho, el padre de los videojuegos no se enteraría de la cifra real que supuso todo este baile de patentes hasta el año 2002, aunque no parece importarle demasiado.
En aspecto un tipo afable, Baer parece conformarse, y se enorgullece, de haber sido él quien dio pie y lugar a la industria del videojuego.
Porque el resto es historia. En 1975 aparecen los primeros sistemas de Atari, y empieza la genuina guerra comercial en los videojuegos. Le seguirían años mas tarde otros sistemas como Intellivision o Coleco, a los que por cierto Baer ayudo a desarrollar su sistema.
La consola fue comercializada fuera de Estados Unidos con un éxito regular, y fue precisamente en el extranjero donde nació otro de los fenómenos más tradicionales del mundillo: los clónicos, que viviría su momento de esplendor con la NES años más tarde.
Efectivamente, la Odyssey tuvo su ración de clónicos, y lo más curioso es que el primer clónico de la historia tiene su origen en España.
Apodado Overkal, era una versión simplificada del sistema original, con uso de materiales de bastante baja calidad, y que incluía seis juegos grabados en memoria, como el proyecto original de Baer.
Otro clon, llamado Kanal34 apareció supuestamente en Suecia, pero a día de hoy, no se conserva ningún ejemplar conocido de este sistema, del que solo se sabe de su existencia por recortes de anuncios de la época.

Una foto de la caja del mítico primer clónico de la historia, la española Overkal. Sacada del Odyssey Museum, junto a decenas de fotos de este y otros sistemas de lá época.
En Europa la Odyssey pasó a llamarse oficialmente Oddissee, y comercializada en Alemania a lo largo del 73 por la empresa ITT, fue también la primera consola en comercializarse en el viejo continente.
Lo curioso, es que tan solo un año más tarde, Magnavox empieza a comercializar la consola por su cuenta, con su nombre original, también en Alemania, convirtiéndose en su único y mismo rival de mercado, porque ITT seguiría comercializando la Oddissee.
¿El motivo de esta incoherente decisión? Desconocido por un servidor.
A día de hoy, Baer, a sus ochenta años, sigue trabajando al mando de su consultoría y con su asociado Bob Pelovitz, patentando y sacando al mercado todo tipo de juguetes electrónicos, el más famoso de los cuales, como decíamos, fue el Simon.
En apariencia un tipo amable y tranquilo, parece no darse cuenta de ser uno de los principales responsables de que los videojuegos sean lo que son hoy día, aunque se enorgullece de forma evidente de lo que consiguió en su época.
Como a tantos otros grandes genios del videojuego, no ha sido hasta el siglo veintiuno cuando se ha reconocido públicamente su labor.
En 2006, el presidente George Bush le ofreció la Medalla Nacional de Tecnología de Estados Unidos, y en 2008 recibió un Premio de Instituto de Ingenieros Electrónicos, del que ha sido nombrado miembro honorífico de por vida, y el premio a la innovación del GDC. Todo eso además de ser invitado de honor a decenas de congresos y simposios alrededor de todo el mundo, ganándose el fervor, por fin, del público. Incluso de los grandes profesionales del sector y sus novias.
En 2006, donó todos sus prototipos y documentos al museo Smithsonian, que asegura es lo que deberían hacer todos los investigadores que como él, desarrollaron la industria en los setenta. De hecho, es una más de las muchas cosas que echa en cara a Nolan Bushnell, con el que parece tener cierta enemistad (se refiere a él deliberadamente con el sobrenombre de “su majestad”).
Fue noticia recientemente al anunciar que sufre de leucemia, aunque ha remitido en parte estos últimos años.
Como nota final, Steve Wozniak, co-fundador de Apple dijo en una ocasión que nunca hubiera llegado a ser lo que es hoy en día sin Ralph Baer. “No puedo agradecer lo suficiente a Ralph Baer por lo que nos dio a mi y a todos los demás”.
Fuentes:
Ralph H. Baer Consultants – http://www.ralphbaer.com/
Videogames: In The Beginning por Ralph H. Baer
Pong Story – http://www.pong-story.com/
Odyssey Museum – http://www.magnavox-odyssey.com/
Entrevistas en Gamasutra:
http://gamasutra.com/features/20070323/edwards_01.shtml
http://www.gamasutra.com/view/feature/2673/interview_the_father_of_home_.php
Documental Ralph Baer El Padre de los Videojuegos – http://www.elotrolado.net/hilo_el-padre-de-los-videojuegos-ralph-baer-video-documental_1062354









Un articulo cojonudo, en un documental que se llama Videogame se habla de este hombre, yo ni siquiera sabia quien era. Supongo que ha todo el mundo le llega el merito de las cosas, lo que pasa que a este hombre le ha llegado un poco tarde. Aun asi, creo que lo dijisteis en el programa, no estariamos aqui si este hombre no hubiera tenido esa idea.
Gracias señor Baer
Nos vemos.
Pues si, al menos ha disfrutado el reconocimiento en vida (y ha podido hacerse fotos con tias buenas X-D), habria sido una pena que se lo hubieran reconocido de forma postuma.
Muchas gracias por el articulo!!
FunS, muchas gracias por las fuentes y por el artículo, no tenía ni idea de este hombre tan grande, es lo que estaba necesitando y el resumen cojonudo de verdad.
Me parece que es hora de entender el valor extra-ocio de los videojuegos, que tomarse en serio este mundillo no significa hacerle la pelota a todo sino comprenderlo como un proceso, y como tal, es necesario partir del origen
Yo tengo un OVERKAL. Según he leido hay otros 4 en todo el mundo. Si a algun coleccionista le interesa que busque en google “vendo Overkal”