(Primer acto: Plantando las semillas del descontento)
Grand Thief Auto, Saints Row, Gangs of London, Manhunt, Carmageddon…ésta es una muestra de los juegos que en los últimos años han sacudido la opinión pública por su contenido, pero cuya polémica sólo ha logrado llenar las arcas de sus editoras. El problema en este caso es que nos ponemos en la piel del malo, y que mientras más mal hagamos, mejor nos irá y ganaremos mas puntos, un poco como la vida real. Por supuesto, el debate se inicia cuando los padres se dan cuenta de a qué están jugando sus hijos. Aunque en las últimas semanas se han sumado títulos con planteamientos mas tradicionales que también han estado en el punto de mira de las asociaciones de consumidores de ciertos países…
La historia de la censura en los videojuegos no es nueva, ni siquiera sus motivaciones mas peregrinas, mi ejemplo favorito (el abuelo del Amstrad ataca de nuevo) es el de “¡Ole Toro!“, simulador de tauromaquia creado por Dinamic (¿quién si no?) criticado en el Reino Unido por celebrar la simulación de una fiesta tan salvaje. Como no puede ser de otro modo, unos años después, el arcade paramilitar “Army Moves” (también de Dinamic) sería número uno en ventas en las tierras de los hijos de la Gran Bretaña, yo lo habría prohibido sólo por la dificultad…
Este tema da pie a un debate tan inmenso que es prácticamente inabarcable porque hunde sus raíces en temas como el gusto, las creencias religiosas, la libertad de expresión… ¡y eso que solo hablamos de muñequitos que explotan! Vaya por delante que creo que se trata de un problema con poca solución, si es que hay alguna, pero les voy a decir cual NO es el método: invitar a un plato televisivo a personas con puntos de vista totalmente opuestos para que se digan barbaridades y hagan espectáculo, ya sabemos que la alternativa es aburrida pero por lo menos saldríamos informados en vez de indignados.
De igual forma podríamos indicar que la violencia en los videojuegos es un tanto necesaria porque es muy complicado crear programas en los que dispares amor en vez de balas… ¡un momento! ¿No son títulos como “Nintendogs”, los “entrenadores de cerebro”, los “Imagina ser…” o “Guitar Hero” los que copan las listas de ventas? ¿En esos títulos se mata gente, se vuelan edificios o algo similar? Siendo justos, los FPS también venden grandes cantidades al poco de salir, así que podemos asegurar que el mercado está bastante bien repartido.
El problema principal es que cualquier punto de vista que exponga sus motivos es bastante válido (es lo que en nuestro planeta llamamos democracia y razonamiento). De toda la vida, la defensa ante los ataques de las asociaciones de padres por la excesiva violencia en los videojuegos ha sido “si los padres estuvieran mas pendientes de lo que hacen sus hijos, podrían prohibirles acceder a esos contenidos tan malotes”. La respuesta clave del progenitor medio es “ya tengo bastantes obligaciones en el trabajo, ir a las cosas que organiza el colegio y mi propia vida como para encima ponerme a trastear con las maquinas que no entiendo para controlar lo que hacen mis hijos”. Es una respuesta que cuando tienes 15 años no te satisface pero a medida que creces te das cuenta que no es del todo débil, aparte, no hay hijo que no sepa saltarse un buen “control parental”. Ahora bien, si desarrollamos un poco esta línea de pensamiento podríamos plantear: ¿Qué padre dejaría que su hijo viera “La Matanza de Texas” o “El Exorcista”? Lo digo porque probablemente son films cuya idea acojona incluso a algún que otro progenitor, que no podría dormir esa noche tras verlas, por tanto si en la carátula de un videojuego sale un zombie a punto de reventar por culpa del disparo de un rifle reglamentario M-16 (no, no me he equivocado, no es el nombre de ninguna autopista), ¿Qué le impide no comprarle el juego a su hijo?
En este sentido tengo que hacer un alto en el camino y contar una anécdota reciente que creo que será bastante explicativa de cómo los padres siguen sin tener muy claro el tema de los videojuegos: una mujer de mediana edad quiere comprar un “Wii fit” y pregunta cómo se enchufa a la tele, la (inmune al desaliento) dependienta le dice que se conecta a la Wii. La señora en cuestión frunce el ceño en el mismo modo que mi padre cuando un vendedor de “El corte inglés” le informa que no importa cuantas corbatas compre, no le va hacer descuento (me imagino que mi padre no se cree que estos hombres vayan a comisión). “¿Me está diciendo que tengo que comprar la consola también?” La vendedora, tras un breve tira y afloja – durante el cual probablemente se pregunte si habrá ofertas de Otoño para viajar a Punta Cana- , consigue que la mujer llame a casa y averigua que su hijo SI que tiene la consola de Nintendo. Mas contenta que un niño con zapatos nuevos, la mujer sale de la tienda con una excusa para… er… ¿quitarle horas de juego a su hijo con el “House of the Dead”?
Ya sé que soy un puñetero cotilla por seguir dando vueltas a los estantes mientras esta historia tenia lugar, pero os aseguro que era presa de la misma fascinación malsana que producen las imágenes de edificios derribados con explosiones milimétricas. La próxima vez prometo hacer un examen mas pormenorizado de los títulos más polémicos…








La censura se ha convertido hoy en día en lo siguiente:
Sacrifica una parte del mercado con la polémica para que la parte no afectada se vea más atraída por tu producto. ¡Y ya está! ¡Es éso!
Fíjate en el Bully. Tanto que era de abusos escolares, que ibas a ser el “niño malote” y luego resulta que eres “el defensor del débil” y un “bromista de pacotilla” (las bromas del juego son poca cosa).